miércoles, 24 de mayo de 2017

Conexiones y desconexiones

Hace mucho, mucho tiempo, en una galaxia no tan lejana, escribí una entrada en otro blog y en otro idioma sobre las conexiones, sobre esos momentos a veces puntuales y efímeros, a veces más duraderos y casi eternos que te unen con otras personas; a menudo, son conexiones que te pillan por sorpresa y no sabes explicar demasiado bien. Poco después, escribí también sobre las desconexiones, sobre esos momentos en el que esa conexión desaparece, a veces de manera tan abrupta que te sorprende y duele, que no aceptas e intentas recuperar esa conexión perdida, incluso es cuando la pierdes cuando te das cuenta de que ahí existía una de esas misteriosas conexiones.

Tiempo después, escribí también sobre hilos invisibles, una manera tal vez un poco cursi de referirme a esas conexiones, a ese no sé qué que te une a la gente que conoces. Escribí sobre el punto en que esa conexión, ese hilo, se convierte en algo más, en una amistad o incluso en un enamoramiento, en lo fuerte que pueden ser los hilos invisibles que nos unen a los demás, sin ni siquiera pretenderlo. No hace tanto, por este mismo blog, escribí sobre gente que pasa de ser importante a convertirse simplemente en ‘alguien a quien solías conocer’, esa gente a la que te une algo, una conexión, un hilo invisible, una amistad o un enamoramiento y, de repente, un día, te das cuenta de que no significa ya nada en tu vida.

A todo esto le he estado dando vueltas hoy, porque he tenido la sensación de que alguien con quien me une algún tipo de conexión, algún sutil hilo invisible, se está diluyendo de mi vida. Es curioso y hasta absurdo, porque es alguien a quien apenas conozco, a quien he visto muy pocas veces, pero con quien me une una complicidad que no sé muy bien de dónde sale y hoy, de repente, he sentido que ese débil hilo que nos une se está rompiendo. Y me ha dado pena, mucha pena. Porque es alguien a quien aprecio mucho pero que creo que se está alejando de mí. Aunque pensarlo así es absurdo, porque nunca ha estado cerca de mí, apenas hace un año que nos conocemos y lo de alejarse es absurdo porque no forma parte de mi vida ni de mi día a día, incluso vive a varios cientos de quilómetros de mí. Pero creo que esa conexión se está diluyendo, ese hilo invisible se está rompiendo.

He acabado en twitter (no sé si cuna de la sabiduría moderna pero interesante foro de reflexión y discusión) dándole vueltas a este asunto y han salido algunas ideas interesantes. La primera es que sí, en estas circunstancias, te invade la tristeza, la sensación de pérdida, pero quien desaparece de tu vida es porque no tiene que estar ahí. La segunda que en realidad ese proceso de conectar-desconectar es natural y sano. Y la tercera que esa tristeza, ese dolor, se puede controlar y evitar, simplemente aceptando que las cosas son así porque tienen que ser y, si pasan, es por algo y simplemente hay que aceptarlo.

Y no sé si después de todo esto me siento mejor o peor, porque es cierto que cuando alguien acaba convirtiéndose sólo en ‘alguien a quien solías conocer’ ya no duele nada, pero el proceso de pérdida a veces es doloroso, aunque sea ligeramente. Lo fascinante es que no sabes quién acabará siendo sólo eso, alguien de tu pasado, o se convertirá en alguien imprescindible en tu vida y hasta cuándo será así. Y, en el fondo, eso es también algo interesante de esta vida, la incertidumbre, el no saber qué te deparará el futuro, quién estará y quién no y cómo. Supongo que eso es bonito y fascinante.

Sí, supongo.

En la foto, la Rosaleda del Parque del Oeste de Madrid, la semana pasada. Madrid se ha convertido en el destino único y exclusivo de mis viajes en este 2017. De momento. La foto es con el móvil, que aunque ha mejorado (el móvil y su cámara), eché mucho de menos una cámara en este viaje. Ni la compacta ni la réflex me llevé. Ains.

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